LOS FANTASMAS DE RULFO, EN PÁRAMO DE PEDRO

LOS FANTASMAS DE RULFO, EN PÁRAMO DE PEDRO

                                                    “La muerte es el musagetas de toda filosofía

                                                                                           Arthur Schopenhauer

                                                                ·Z· Ninan Kuyuchij Arze de la Barra Yupanqui

Leer la única novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo, sin investigar la vida de su autor, es perderse en un mundo de fantasmas rurales  mexicanos, absurdos como la muerte. Es, después que uno se entera de que el padre del autor de esas magistrales páginas murió asesinado cuando el niño, Juan, contaba con apenas seis años y, que cuatro años después la parca le daría otro duro golpe al llevarse también a su madre; sucesos que lo llevarían  a un internado religioso, donde un padrastro célibe, le inspiraría a un personaje en su obra maestra, a aquél perverso religioso, que se ganaba la vida vendiendo indulgencias ajenas, el padre Rentería, que en el fondo no era malo. Este es el valor literario de la prosa de Rulfo, no está escrita con tinta, sino con sangre.

Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, nació el 16 de mayo de 1917, en la localidad de Acapulco, cerca de Sayuela del Estado de Jalisco en México y creció en San Gabriel.

 Se casó en 1947, con Clara  Angelina Aparicio Reyes, diez años menor que su novio.  Tuvo que esperar 3 años, hasta que su novia, alcanzara la mayoría de edad. De este matrimonio, nacieron cuatro hijos mortales: Claudia Berenice, Juan Francisco, Juan Pablo y Juan Carlos.

 El hijo inmortal de Juan Rulfo: Juan Preciado, hijo natural de Pedro Páramo, nació en la mítica población de Comala. Partió después de enterrar a su madre  Dolores Preciado, guiado por su medio hermano Abundio Martínez, el futuro parricida de Pedro, por un camino criollo, griego-mexicano- rulfiano, que subía y bajaba. Sólo quién entiende el devenir heraclitiano, puede entender esa paradoja, que está herméticamente cerrada a todo peripatético.

Sólo quién tenga memoria fotográfica, puede entender la novela en una primera lectura, sin perderse en esa selva de nombres folklóricos mexicanos. Esas densas 108 páginas son inteligibles como las 1690 de La Biblia, cuyo libro final del Apocalipsis es ininteligible sin releer el Génesis. Después de leer las 108 páginas, hay que buscar las primeras para comprender quién es quién.

Después de leer tres veces las 324 páginas de Rulfo, el lector se da cuenta que nunca entenderá completamente el libro, porque hay preguntas que nos hace el autor y nos dá la pista, pero nos deja en la incertidumbre, como esta:

          “ – Han matado a tu padre.

-¿Y a ti quién te mató madre? “(Rulfo 1986:25)

La novela es explícita al sindicar al asesino parricida de Pedro Páramo, criollo “Bruto”, romano-mexicano. Sin embargo,  ni el Padre Rentería, puede explicar los extraños designios que se llevan al más allá de forma prematura a Dolores Preciado, la madre de Juan. El presunto asesino es implícito, un asesino implacable que no perdona a nadie. Por eso, como en la obra del inglés, William Shakespeare, Hamlet, al final de la tragedia, todos los personajes terminan muertos y son las cortinas del teatro, las que deben comentar el epílogo.

 

 Una de las N ediciones de la novela en cuestión, ilustraba este detalle alucinante: Una calavera vestida en su sarcófago, velada por otras calaveras vestidas de luto. En mi ejemplar de la Edición  Nº 17 ª, revisada por última vez, por el autor en 1986,  de la Editorial Planeta, esta ilustrada con unas fantasmas con escapularios en la espalda, con vestidos típicos de las campesinas  de Jalisco.

 

La búsqueda de Juan Preciado es absurda desde el punto de vista lógico aristotélico. Dolores Preciado, quién le encomienda esa aventura está muerta, el objetivo, Pedro Páramo, también y los medios son absurdamente imposibles. Esta novela solo se puede entender con lógica tetraléctica, porque Juan Preciado, está vivo y está muerto, lo mismo que el Gato de Schrödinger, por eso que todos los personajes fallecidos pueden hablar, porque no son reales, son imaginarios. Todos los números complejos, tienen una parte real y otra imaginaria. La profundidad del pensamiento de Juan Rulfo, que no hizo estudios de espacios no- euclidianos, llevan su intuición, allá donde los mejores físicos no se atreven: al más allá, a la metafísica, a la mecánica cuántica, a la aritmética del infinito de Georges Cantor. Por eso que la poesía, puede resolver problemas que la razón no puede, por eso que Rulfo, desde el humilde rancho de Sayuela donde nació, puede crear Comala. Lo mismo que, desde Aracataca, Gabriel García Márquez, creará la inmortal e imaginaria Macondo.

 

El protagonista principal, de Pedro Páramo, no es Pedro, ni  Juan Preciado, sino la muerte, esa muerte que nos persigue desde el primer día de nacidos. Esperamos un día mejor, pero viene otro peor, hasta que viene el último, como decía el pesimista Arthur Schopenhauer.

 Cuando tenía ocho años, mi padre  se fue al más allá, sin que nadie lo asesinara y me dejó 120 libros. De esa pequeña biblioteca, sólo guardo uno, de dicho  autor alemán: El amor, las mujeres y la muerte. De estos complicados temas trata la vida y la obra de Rulfo y también la nuestra, que jamás tiene el  final feliz de las novelas baratas y del cine americano; invariablemente tiene  el mismo trágico final griego: la muerte. Esto llevará al filósofo alemán, Friedrich Nietzsche a estudiar El origen de la tragedia.

Rulfo, no solamente indaga la historia de sus ancestros muertos, sino que nos regala, “La crónica anunciada de su muerte”, Juan Preciado muere ahogado, según Doroteo (a),  a quién  la mataron los murmullos: “¿Quieres hacerme creer que te mató el ahogo, Juan Preciado?” (Rulfo 1987:52).

Esas extrañas combinaciones de las que hablaba, Sergio Almaraz Paz, hicieron que Juan Rulfo muriese de cáncer en los pulmones, el 7 de enero de 1986, en México. Seguro que te mató el ahogo Juan Rulfo, porque fumabas mucho. Sin embargo,  Juan Preciado no morirá por más que nos fuma a sus lectores, todos los años, contándonos sus viajes imposibles al más allá, de la mano de su medio hermano Abundio Martínez y terminamos amando a Pedro Páramo, a pesar de que según su asesino parricida es “un rencor vivo”, como es la náusea que tuvo antes de cumplir su trágico destino, cuando se develó su ser en sí, como diría el existencialista Jean Paul Sartre, en “El Ser y la Nada”.

Gabriel García Márquez, escribirá después su famosa novela: Crónica de una muerte anunciada, la coincidencia de la muerte ficticia de Juan Preciado, y la verídica de su autor, Juan Rulfo, con cáncer; es una de esas casualidades, que la teoría del caos, aún no puede  explicar.

La yerba mala y los habitantes de Comala y Macondo, son semejantes a los de Sayula y Aracataca y hay demasiadas coincidencias, para que Pedro Páramo sea ficticio.

Este año, el 16 de mayo, celebramos el centenario del nacimiento de Juan Rulfo, que no pudo soportar “Cien años de soledad”, al fallecer de 69 años en 1986, con cerca de un cuarto millón de lectores en media centena de idiomas. La primera edición de 2000 ejemplares de 1955, no se agotó, tuvo que regalar la mitad. Las ediciones póstumas, se cuentan por millones.

 Juan Preciado, seguirá comunicándose con los vivos, aún después de que los millones de sus lectores vivos ya estemos  muertos  y las futuras generaciones irán tras las huellas de aquél Pedro Páramo muerto, que ya es inmortal, gracias a la magia de este realismo, que nos hace sufrir la vida real  y disfrutar la muerte ficticia, a través de un inmortal maestro del sexto, arte, la literatura, la incomparable y casi única novela de Juan Rulfo.

 

                               Tarata, Cochabamba, Bolivia, 25 de octubre de 2017

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