12 de mayo, Día del Escritor Boliviano

 

12 de mayo, Día del Escritor

Boliviano

Hoy apareció esta nota en el Diario EL DEBER,  escrita por Demetrio Reynolds, presidente de PEN Cochabamba, una verdadera sorpresa para muchos, me incluyo, al saber que los escritores bolivianos tenemos un día especial dedicado a nosotros:

El 12 de mayo es el Día Nacional de la Escritora y del Escritor Boliviano, como reconocimiento –dice el texto– a los escritores y poetas que aportan y contribuyen a la riqueza documental de la producción literaria nacional”. El gestor principal del engorroso trámite fue Eliseo Bilbao, presidente de la Unión Nacional de Poetas y Escritores de Cochabamba.

Para muchos tal vez sea una sorpresa. Si casi todos tienen  su aniversario  en alguna fecha del año,  incluso ‘el más fiel compañero del hombre’ en el día de San Roque, ¿cómo no había de tener el hombre de letras?

Y figurará el escritor en el calendario  de los aniversarios porque es un esforzado trabajador de la pluma. El 23 de abril se recuerda el Día del Libro, pero se habían olvidado de asignarle una fecha al autor. Es cierto que no todos los libros tienen autor; algunos, como la comedia Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, no acaban de encontrar el suyo. Hay también otros definitivamente  anónimos.

El azar determina las fechas de los aniversarios, pero es generalmente para  resaltar algún acontecimiento histórico, por eso mismo la  celebración tiene  cierta connotación emocional; además, porque esa fugacidad del tiempo nos advierte que es un año más que se va.

La de los escritores se eligió en homenaje a dos egregias  personalidades de la literatura nacional: el 12 de mayo de 1868 nació el poeta Ricardo Jaimes Freyre; ese mismo día, pero en 1949, murió  el crítico y novelista Carlos Medinaceli. Son coincidencias un poco extrañas, pero no las únicas. Cervantes y Shakespeare fallecieron en el mismo año (1616), en la misma fecha, incluso hay quienes afirman que a la misma hora.

Se despachó la ley por la vía de la rutina ordinaria, como una de las muchas que publica La Gaceta. Tal vez incurrimos en un idealismo quijotesco, pero habríamos deseado que se difundiera con mayor trascendencia en el país. Era un buen motivo para hacerlo. Si en los años 30 del siglo XIX escribir en España era llorar, como decía Larra, en los tiempos de Medinaceli era matarse, según la amarga confesión del escritor. A más  de un siglo, esa realidad  parece no haber cambiado gran cosa.




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