REINVENCIONES (Una historia alternativa de la literatura universal) libro de Emilio Martínez C.

REINVENCIONES

(Una historia alternativa de la literatura universal)

Biyú Suárez C.

 

Emilio me ha pedido comentar su libro REINVENCIONES (Una historia alternativa de la literatura universal) hecho que es un honor para mí y que agradezco porque he disfrutado muchísimo al leerlo, pero antes de hablar sobre su libro quiero citar solamente algunas de las opiniones sobre su obra general:

Alice Whittenburg y G.S. Evans, críticos norteamericanos, lo sitúan entre los continuadores de Franz Kafka, Jorge Luis Borges y Kobo Abe.

Anabel Gutiérrez [El País de Madrid]: señala: “Género muy poco común en Bolivia es el fantástico que, si bien encuentra sus primeros arranques en los cuentos de Óscar Cerruto, tiene ahora un serio representante en Emilio Martínez, con libros de vertiente borgeana”.

Edmundo Paz Soldán dice: “La literatura de Emilio Martínez configura un universo lúdico, poblado de paradojas circulares borgeanas, guiños cortazarianos y sonrisas de gatos de Alicia en el país de las maravillas, en un tono breve, casi aforístico, que el mejor Monterroso envidiaría”.

Leo Maslíah ha declarado que: La producción de Emilio Martínez en sus distintas vertientes [teatro, poesía, narrativa] conforma un valioso expediente donde el juez asignado al caso de la literatura uruguaya encontrará las pruebas no sólo de que no todo está perdido, sino también de que sus mejores filones, si estaban perdidos, han sido encontrados.

Keith John Richards, Jaime Bayly, Carlos Alberto Montaner, y el Diario como El Mundo (España), El Enciclopedista, Claudia Bowles y María Pía Franco y otros coinciden en que al hablar de Martínez se habla de una narrativa que ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la literatura boliviana.

Y acoto, que al leer a Martínez encontramos en su obra universos fantásticos, brevedad e irreverencia.

Acerca del libro Reinvenciones (Una historia alternativa de la literatura universal), Emilio Martínez, siguiendo su estilo, reinventa el mundo y todo lo que contiene, al reinventar, el escritor reinicia, da cuerda y sitúa a sus personajes en nuevos contextos, en nuevos mundos.

Al buscar “una historia alternativa de la literatura universal” Martínez pisa fuerte en la Historia de la literatura Contrafactual, en esa Historia Alterna o Historia Virtual por donde nos conduce y que es el resultado de una gimnasia de abstracción sobre los acontecimientos de la historia de la literatura universal, en este caso, para tratar de aclarar el recorrido hipotético, Emilio, al igual que Gianny Rodari, en su “Gramática de la fantasía”, al crear sus  narraciones, propone juegos en el lenguaje para crear “Binomios fantásticos”, “Hipótesis fantásticas”, “Prefijos arbitrarios” o “Errores arbitrarios” “Elementos Extraños” “Claves” para llevar al lector a crear, a repensar, para enfrentar otros conceptos mucho más potentes para ser capaces de responder a la pregunta “¿Qué hubiera pasado si…?”

Así, casi como a niños grandes, el autor presenta su obra con grandes guiños, con pistas para descubrir lo secreto y con humor que arranca grandes algazaras en el lector que vive sus breves escritos, en su micro ficción… Son breves sí, pero encierran una gran aventura intertextual.

Recientemente ha surgido un nuevo término: “La nanofilología”, término que encaja con el trabajo de Martínez, esta acepción no se refiere a un género literario no visible, ni a trazos de novelas o cuentos microscópicos, sino que la filología nano, se ocupa de textos minúsculos, explora el mundo de la narrativa abreviada, reducida y condensada y relaciona algunos términos de un metalenguaje nanotecnológico no solo con las ciencias naturales, sino también con la literatura.

A lo largo de este comentario sobre la escritura de Martínez deseo ir más o menos explicando los aspectos fundamentales del contrafactual, como sus funciones en el razonamiento causal, en la argumentación científica, en la modulación y amplificación de las emociones que maneja el autor de la obra que me toca analizar.

Todos los días hacemos uso de la contrafactualidad en el pensamiento y en el lenguaje: ¿Qué hubiera escrito Emilio si hubiera tenido más tiempo? ¿Si me hubiera quedado en casa en lugar de venir a la feria a hablar sobre la obra de Emilio?

Estas expresiones van unidas a un lamento o un pesar. La cotidianeidad del contrafactual como expresión de pesar contrasta con la aparatosidad de su formato lingüístico, esto es, pretérito pluscuamperfecto del modo subjuntivo. El modo subjuntivo es el modo de la irrealidad por excelencia y, en el caso del contrafactual, sitúa el centro deíctico entre la realidad del hablante (su aquí y ahora) y un tiempo pasado en que transcurriría la supuesta acción.

Ahora bien, los contrafactuales no son una mera recreación retrospectiva de lo que no ocurrió en el pasado, sino la iniciación de un proceso constructivo orientado al futuro a través de la simulación mental de nuevas posibilidades válidas en un futuro inmediato.

Bajo el parámetro de las oportunidades, los contrafactuales ayudan a prevenir errores, proporcionando beneficios a corto plazo, especialmente cuando el pensamiento contrafactual está asociado a eventos recurrentes o de alta frecuencia que probablemente tendrán alguna vez la oportunidad de repetirse.

Así, en “CERVANTES EN LA PAZ”/ cito “En América, el antiguo recaudador de impuestos Cervantes Saavedra no sólo encontró un próspero asiento como corregidor de La Paz, sino que también conoció el material humano para la creación del pícaro escudero aymara de su Quijote”.

¿Quién lo hubiera pensado? Solo a Emilio se le ocurre construir esta historia alterna para que los paceños nombraran a Cervantes como “El corregidor perpetuo de la Paz” (en 1962) Entonces, estamos nuevamente frente a una historia alterna que podría pasar como totalmente descabellada, pero que, por otra parte, produjo un cambio considerable porque es un buen escenario para una trama de ficción o de literatura fantástica.

En todo contrafactual hay un proceso de inferencia causal subyacente, que se expresa mediante la cláusula condicional antecedente y la cláusula consecuente. Por este motivo, los contrafactuales desempeñan un papel en el razonamiento, las atribuciones causales y la toma de decisiones. Así ante un resultado negativo en una situación determinada, la simulación contrafactual de un escenario hipotético alternativo permite comparar distintas posibilidades de un mismo evento y establecer vínculos causales que podrán ser útiles para afrontar contingencias:

Emilio toma a ROUSSEAU/ cito: Jean-Jacques Rousseau no sólo predicó en su Emilio la idea romántica del regreso a la naturaleza, sino que también la puso en práctica abandonando la civilización e instalándose en una pequeña isla en la desembocadura del Orinoco, donde años más tarde lo encontraría -completamente reducido al estado salvaje- el náufrago Robinson Crusoe, quien lo llamó Viernes.

Emilio toma el “EMILIO” de Rousseu, que en esta narración (la de Emilio Martínez) es contrafactual. Al partir de una condición, de un punto de partida, también contrafactual para explorar los posibles cambios de la historia. En Emilio o de la Educación, Rousseau aborda la bondad del hombre, su naturaleza, sin distinción ni prejuicios, Martínez juega con la autobiografía ficticia de Viernes, protagonista de la novela de Daniel Defoe. Este argumento, mil veces revisado, establece la manera más palpable de materializar la frase escrita por Defoe: “La inteligencia es la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas.” 

Precisamente a partir de la imaginación sin impedimentos, sin escollos, propia del pensamiento creativo, Emilio Martínez elabora contrafactuales fantásticos que alteran arbitrariamente las propiedades ontológicas de ciertas entidades.

En la narración de Emilio: cito: MARX/ El vate alemán Karl Marx ha sido llamado por la crítica “el poeta de la alienación”. Con una obra en verso de clara naturaleza apocalíptica, donde proclama el derrumbe de la sociedad burguesa y anuncia que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, ha pasado a la historia de la literatura como uno de los referentes fundamentales del romanticismo germánico, junto al genio nocturno de Novalis.

¿Qué hubiera pasado si Karl Marx hubiese escrito “Los himnos de la noche”? que asocian la poesía de su autor a lo infinito, a la noche y al sueño o a la muerte? ¿Hubiera Marx efectuado un viaje iniciático, claramente espiritual, originado en la noche?

Emilio, al celebrar el 200 aniversario del nacimiento de Marx usa la influencia intelectual de Marx, pero desde un ángulo distinto, desde el cual le imprime un enfoque contrafáctico.

Notoriamente este tipo de contrafactuales no es de uso frecuente. ¿Qué sentido tiene preguntarse si Karl Marx hubiese escrito “Los himnos de la noche? Sin duda, se trata de un tipo de contrafactuales diferentes a los de uso cotidiano, pues requieren una elaboración especulativa de la realidad, que implica una alteración ontológica, o al menos muy improbable, del funcionamiento del mundo. Su uso está casi exclusivamente limitado a elaboraciones literarias como los mitos o la ciencia ficción y su función pragmática en contextos naturales de comunicación es nula a diferencia de las múltiples funciones de los contrafactuales ascendentes y descendentes que Emilio Martínez expone en su obra.

Los procesos cognitivos que subyacen a los contrafactuales fantásticos o realistas comparten la misma estrategia mental: guardar en mente dos estatus epistémicos distintos, uno real y otro falso, como si este último fuera verdadero temporalmente, como en:

Cito: BIOYLAND/ A pocos kilómetros de Buenos Aires acaba de inaugurarse Bioyland, parque temático provisto de hologramas donde se reconstruye la isla descrita por Adolfo Bioy Casares en La invención de Morel.

Emilio vuelve a usar el contrafactual y no se limita. Es posible que tenga una visualización tenaz de mejores opciones que, finalmente, no se dieron ni se darán. ¡Qué interesante hubiera sido visitar Bioyland en lugar de Disneyland! ¡Conocer a Faustine en lugar de Cruella de Vil!

Los usos y los significados de los contrafactuales son múltiples y diversos. Emilio Martínez los utiliza para construir argumentos que justifican hipótesis para tratar de persuadir al oyente o para modificar sus creencias, hacer prescripciones, advertencias, refutar los postulados contrarios, formular leyes, normas, contrastar una realidad con otra. Tal es el caso de: cito:

MONTERROSO/ El guatemalteco Augusto Monterroso alcanzó la celebridad tras publicar las 25.317 páginas de El dinosaurio, la novela más larga de la historia.

¿Qué hubiera pasado si Monterroso hubiera escrito solo siete palabras?

Emilio ha escrito una novela (de 25.317 páginas) que transcurre en un presente alternativo donde los dinosaurios existen y gobiernan el mundo, mientras los seres humanos son sus esclavos y su principal alimento. El protagonista se llama Emilio Augusto que está enamorado de Norah a quien no puede ver porque la tienen cautiva en un palacio. Martínez conjetura en un país imaginario que es gemelo al que él posee y habita. Es un país que está y que existe, se desdobla, proyecta su sombra en historias inquietantes. Martínez usa múltiples y diversos contrafactuales, para justificar su hipótesis fantástica y trata de persuadir al lector y modificar lo que este cree sobre este micro cuento.

Comprender un contrafactual de estos que Emilio nos presenta en su pequeña gran obra, supone, entonces, la representación de dos tipos de significados. Una información relacionada con la realidad de los conceptos negados mediante el contrafactual y otra información de carácter perceptual, basada en la información experiencial que se tiene sobre los eventos alternativos a través del contrafactual.

Comprender los textos contrafactuales de Martínez implica también la realización de múltiples tareas, el despliegue de más de un escenario, la selección de uno de ellos, la simulación de un estado irreal como si fuera real, la inhibición de una falsa creencia, la toma de perspectiva, la atribución de estados mentales y emocionales.

Los contrafactuales de Martínez se distinguen por su estatus de irrealidad, al referirse a hechos que nunca ocurrieron ni ocurrirán, porque los pensamientos contrafactuales son inconscientes y automáticos, normalmente vienen a la mente y desaparecen sin ser realizados. Los contrafactuales de nuestro destacado escritor, se destacan por su alto grado de mentalización y la posible decodificación de intenciones:

Cito: ADROGUÉ/ Quién sabe qué obra maestra habría creado aquel joven escritor argentino, Jorge Luis Borges, si no se hubiera suicidado en 1935 en un hotel de Adrogué.

Independientemente del rigor académico, verifiquemos si Borges se suicidó o no (Tarea para la casa) Martínez traza una línea muy clara entre la historia alterna o contrafactual y una ucronía y ficción histórica.

Los invito a comprar el libro para deleitarse con estas micro ficciones.

Mayo 2018